Nació en Marmato Caldas, en una mañana fría de esas en las que las nubes son densas y se escurren debajo de la puerta, la madre mientras irrumpía en llanto las nubes se iban disipando.
El sol se impuso como rey del día acompañando a su madre con su alegría, el llanto Marmateño tomaría acento pereirano en tan solo tres horas de vida.
Tal vez su realidad pueda ser igual a la de muchas personas, pues seguramente el 29 de Noviembre de 1991 día en que nació, nacerían miles de personas, hasta de pronto y se dan las coincidencias con el mismo nombre y apellidos, (Rubén Darío Patiño), seguramente no tendrán el mismo código de cédula ni fuente genética y al nacer no fueron trasladados de un humilde pesebre de oro a una ciudad acogida en el ruido y el desorden.
De pala a lápiz.
Un lunes, levantarse en Marmato (pesebre de oro de Colombia) y acostarse en Santa Rosa (ciudad de las araucarias), es un contraste algo disímil, ciudad - con pesebre, en Marmato comienza su día a las 5 de la mañana, su mente y sus manos descansan de las palas, las picas, las barras, los coches, los breques. Inmediatamente su mente cambia a un enfoque de trabajo y sacrificio, para ser sometido a las bondades del estudio, donde tiene como esmero y humildad el empuñar de su segunda herramienta, el lápiz, ese mismo lápiz que traza las ilusiones de un mejor proyecto de vida.
Su vida se desenlaza en el transcurso de una y otra curva, pasando por La Felisa (Supia Caldas), Irra (Risaralda), tres puertas (Arauca Caldas), la manuela (Chinchina caldas), para finalmente desembarcar en Santa Rosa la cual se convierte en su primera estación, allí de una forma afanada saluda a su madre, (Nelly Valencia) “¡quihubo ma!”, descarga su equipaje, y se abalanza sobre su computador con la ilusión de ponerse al día, pues la parte académica pasa a inundar su mente, un trastorno provocado por la lectura y su variedad de contenido.
Termina su recorrido en la ciudad trasnochadora querendona y morena (Pereira), la universidad tecnológica de Pereira (utp) abre sus puertas para ahondar el propósito de tan largo viaje, la ilustración.
Todo lo que brilla no es oro.
Consciente de que la tierra era para quien la trabajaba, como el trigo era el pan de quien sembraba la semilla.
Pues muchos pensaban que por andar entre oro su vida brillaría como la de sus antepasados, su conciencia se opuso a la realidad, esa realidad que invade a muchos colombianos, la hazaña de sobrevivir, para el la vida no tiene sentido si se esta 300 metros en el subsuelo, la vida tiene mas sentido sobre la tierra y quiere hacer la transacción de oro por estudio, la entrega de una palada de incertidumbre por la labor de docente, la cual no es del todo cierta porque podría pasar a ser parte de los desempleados que hay en Colombia, pero guarda al menos la esperanza de enseñar cosas nuevas en su pueblo (Marmato) lo anterior guaquea su corazón como si fuera un socavón de esperanza y progreso donde al final del túnel se ve una pequeña luz.



mis ojos se inundan pero de alegría al saber que muchas personas piensan que todo esta perdido, pero otras hacen saber que eso no es así. de pronto esas personas no han encontrado seres como los que yo encontré y es por eso que cada vez demuestro que todo no esta perdido, que hay cosas por las que vale la pena luchar.
ResponderEliminarQué buena reflexión nos compartes Ruben
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